Reseña del espectador

Reseña del espectador

Por mucho que lo intente evitar el camino siempre me lleva cerca de charlatanes con el sorprendente interés de convencerme de que su credo es el real, cerca de patanes de conciencia monocromática cuya necesidad de explicar lo que desconocen es mucho mayor que su deseo de encontrar las respuestas a las preguntas que les desvelan, embaucadores que buscan a un dios al que afirman conocer, para disfrutar de una salvación que suponen merecer, ordinarios que se regocijan en los supuestos beneficios que su fe puede otorgarles sin dar lugar a reflexión alguna sobre aquello que pueden ofrecer.

“Condenados a la normalidad.”

Vive, pero no disfrutes, porque la felicidad tiene que pasar por caja, sino es pecado, y aquellos que la disfruten gratuitamente condenados al fuego eterno serán.

La salvación eterna acepta pagos en efectivo, con tarjeta de crédito o con la tarjeta de compra del Corte Inglés.

“Ojos que ven lo invisible.”

Charlatanes fuera de bares, cuyas palabras son acreditación suficiente para transportar tu alma de la Tierra al Cielo.

“Dioses de lo mundano.”

Narcisistas que han presenciado la revelación de aquello, lo eternamente desconocido, en el reflejo de un espejo.

“El pecado del nacimiento.”

Testigos de crímenes imaginarios, culpables en condenar a los ingenuos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Semillas que nacen florecidas y crecen menguando.”

Religiones de teletienda sembradas por el mismo fango de la codicia y la arrogancia que las alimenta, para finalmente florecer y liberar al mundo una fragancia madura, poco agradable, putrefacta por capricho del tiempo.